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jueves, 28 de febrero de 2008

Abre el Bioparc


El Bioparc de Valencia ha sido inaugurado hoy como culminación de un proyecto que arrancó en la década de los 60 y cuyo germen fue el zoo de Viveros, ya cerrado. El recinto de 100.000 m2 acoge a 4.000 animales africanos.
LEVANTE-EMV El nuevo zoo de Valencia, bautizado como Bioparc Ignacio Docavo en homenaje al fundador del primer parque zoológico de la ciudad, abre al público transcurridos casi cuatro años de la colocación de la primera piedra. Aunque las infraestructuras y la tematización del parque de titularidad municipal pero construido y explotado por la empresa Rain Forest acabaron hace un año, han sido necesarios doce meses más para el traslado progresivo desde quince zoológicos europeos de los 4.000 animales de 250 especies africanas que habitarán en semilibertad en el zoo del Parque de Cabecera. En ese tiempo son varios los hitos reseñables.En febrero de 2007, empezaron a llegar los primeros animale, un grupo de mangostas enanas. Le siguieron los facoqueros (jabalí africano), los zorros orejudos, antílopes, hienas, chacales, lémures y reptiles, entre ellos la pitón de Seba.Un mes después se realizó al primera visita institucional al zoo en la que se pudo comprobar el proceso de aclimatación de los animales, que se seguía con especial cautela en el caso de los ejemplares llegados de Viveros, como el rinoceronte macho Rómulo. El recinto de procedencia tenían importantes limitaciones de espacio. Ese mismo mes se produjo el primer nacimiento en el Bioparc. La hembra dominante de un grupo de lémures, que llegó embarazada del zoo de Fuengirola, tuvo dos crías al poco de su llegada.En mayo de 2007, se izó la pasarela peatonal de 140 metros de longitud que da entrada desde la avenida Pío Baroja y que sobrevuela, con sus 200 toneladas de peso y 13 metros de altura, el lago.Ya en verano, llegó la primera pareja de oricteropos, los únicos ejemplares de esta especie que hay en España. Estos animales que habitan al sur del desierto del Sahara son únicos, con el cuerpo parecido al de un cerdo, un largo hocico similar al del oso hormiguero y orejas largas como las de un burro. Recientes estudios gené́ticos han revelado que está́ estrechamente relacionado con los manatíes y los elefantes. En julio, con la llegada del lémur gris de bambú, el Bioparc es invitado a participar en un programa internacional de cría y conservación de esta especie en peligro de extinción que habita en Madagascar. Ese mes echó el cierre el obsoleto zoo de Viveros. A lo largo de agosto de 2007 se trabajó en la carga, transporte y descarga de los animales al Bioparc . Un equipo checo de expertos en transporte animal colaboró en el traslado de algunos de los animales. En septiembre llegaron otros ejemplares únicos, una pareja de fossas, especie endémica de Madagascar para la que se ha creado una isla con densa vegetación, árboles para trepar, un foso con agua y rocas.En octubre se produjo la llegada de los primates, rinocerontes y elefantes . Los primeros en desembarcar en su nueva casa fueron un grupo familiar de 3 driles (Mandrillus Leucophaeus). Poco después se recibieron dos hembras de rinoceronte blanco que se unieron a Cirilo y «Rómulo», que vivió durante 23 años en Viveros, así como los primeros elefantes procedentes de Moscú. En noviembre, el periodo de aclimatación de las hienas manchadas pasa a la siguiente fase y acceden a su recinto exterior. Los últimos en llegarEn los últimos días han llegado a Bioparc dos hipopótamos enanos, mucho más pequeños y ligeros que los hipopótamos comunes. Un ejemplar adulto puede llegar a pesar 250 kilos, nada comparado con los 3.500 kilos de un hipopótamo común.Todos estos animales están preparados ya para empezar a recibir a los visitantes. El zoo moderno al que aspiraba Valencia es ya una realidad.

Un único cabello permitirá saber dónde una persona ha bebido agua

Ya nadie va a salvarse nunca más por un pelo, sino todo lo contrario. Un único cabello de cualquier persona puede ser suficiente para determinar dónde ha pasado ese individuo las últimas semanas, meses o incluso años. Algo muy útil y que servirá para desmontar coartadas de criminales, para pillar a maridos infieles y hasta para desenmascarar a inmigrantes ilegales recientes que pretendían llevar toda la vida dentro de un país.
La clave es que lo que se come (pero sobre todo lo que se bebe) en cada lugar concreto deja trazas químicas en el pelo, según dicen en la universidad norteamericana de Utah. Y ninguna traza es tan profunda y tan interesante, sostienen, como la del agua del grifo con sus dos mimbres químicos, el hidrógeno y el oxígeno, trenzados en isótopos muy claros.
El experimento actual concluye que hasta un 85% de las variaciones de los isótopos presentes en el cabello de una persona dependen de las variaciones del agua común que bebe.
Materia con personalidad
Se dice que dos átomos son isótopos cuando tienen el mismo número atómico o número de protones -que es lo que determina que el hidrógeno sea hidrógeno y no oxígeno-, pero la masa atómica es distinta, es decir, varía el número de electrones.
Vienen a ser variaciones del mismo tema, sujetas a cambiantes equilibrios entre la fuerza nuclear fuerte (la que mantiene unido el átomo) y la fuerza electromagnética que tiende a disgregarlo, haciendo que las partículas con la misma carga se repelan entre sí.
Esta última fuerza crece con la masa atómica y es parte de la explicación de que haya isótopos estables e isótopos radioactivos, cuyo núcleo tiende a desintegrarse emitiendo energía.
Parece horriblemente complicado, pero cuando uno se acostumbra es hasta hermoso; también la materia tiene su personalidad. Ni todos los hombres pueden ser iguales, aunque lo parezcan, ni lo son todas las aguas.
Según sea la cercanía de la costa, las temperaturas más altas o más bajas o mayor o menor la vegetación, el agua de cada sitio tiende a dar de sí determinados isótopos del hidrógeno y del oxígeno.
Mapa del agua
Y eso es justo lo que han investigado en Utah, con tal éxito, aseguran, que ya se ven capaces de pintar el entero mapa del agua del grifo en los Estados Unidos, con tanta precisión como otros pintan los estados de rojo o de azul, según si votan demócrata o republicano.
Para ello han barrido 65 ciudades de 18 estados. Uno de los padres del experimento, el ecologista y profesor de biología Jim Ehleringer, despachó a su esposa Edna a patearse los estados centrales y del sur, mientras los hijos del matrimonio, Clare y Dylan, viajaban por el norte. En todas partes entraban en las barberías y peluquerías y pedían pelo cortado o afeitado para tirar. Los barberos y peluqueros pensarían lo que pensaran, pero se lo daban. Toda la familia volvió a casa cargada de sobres llenos de pelo y tetrabiks llenos de agua.
Tamaño esfuerzo en el mejor estilo de los pioneros científicos del siglo XIX se acaba de plasmar en un estudio que publicaba ayer la revista Proceedings de la Academia Nacional de Ciencias. No es la primera vez que allí oyen hablar de Ehleringer, que antaño ya desarrolló un método -actualmente usado por las unidades antinarcóticos de los Estados Unidos- para determinar si se ha producido cocaína o heroína en un lugar determinado, atendiendo a las variaciones locales de los isótopos de carbono, nitrógeno, oxígeno e hidrógeno, cuando son absorbidos, o no, por las plantas de coca y de opio.
Ehleringer asimismo diseñó un ingenioso sistema para detectar billetes falsos de cien dólares, analizando los isótopos de hidrógeno y de oxígeno residuales del agua con que se regó el algodón empleado para hacer los billetes. Eso sí que es hilar fino.